«El cine mexicano se está quedando atrás»: Carlos Eichlmann Kaiser

Programas de apoyos públicos como el Eficine han sido fundamentales para establecer el nuevo auge del cine mexicano, pero comienzan a ser insuficientes para los estándares internacionales, evalúa el director de Zapatos rojos. Señala que los periodos de filmación para los que alcanza en el país son menores al estándar mundial.

“Las óperas primas tienen sus errores, son películas imperfectas, tienen grietas que hay que aprender a abrazar. Tienen mucho de auténtico y mucho de osadía. Siempre he dicho que las óperas primas huelen a verdad”.

Así inicia la conversación el cineasta debutante, antes publicista, Carlos Eichelmann Kaiser, quien en unos días partirá rumbo a la edición 79 del Festival Internacional de Cine de Venecia para estrenar su ópera prima, Zapatos rojos, dentro de la sección Horizontes.

“Es un sueño estrenar en Venecia. Creo que los festivales, el que sea, son espacios que hay que defender, son de las pocas ventanas que tiene un cine como el que intento hacer, digamos, con historias mucho más frágiles”.

Zapatos rojos, adelanta la sinopsis, centra su relato en Tacho, un campesino que recibe la fatídica noticia de la muerte de su hija en la capital del país. Tacho debe viajar a la ciudad para enfrentar lo inevitable. El doloroso viaje del protagonista, dice el texto de referencia, “es un desplazamiento emocional, de la fragilidad y fortaleza. Aborda la violencia de género, a través de una reflexión íntima desde la culpa y el arrepentimiento”.

Carlos Kaiser explica que “la intención fue hablar de la violencia de género desde un lugar evocativo, no coyuntural, no directo y no político, sino más emocional, desde lo poético, con todo lo político que tiene lo poético. No quisimos que se viera una película ventajista sobre un tema tan recurrente. Hay una tendencia de un cine que solo pone el dedo en la llaga y la hace sangrar. Es decir, sí, hay que poner la discusión sobre la mesa, pero ya sabemos que el país está mal, que el mundo camina hacia una dirección que no luce bien, pero, ¿dónde está el punto de vista afirmativo y cómo sanar esa herida? No solo se trata de evidenciarla o hacerla sangrar más, sino intentar aportaciones, por más pequeñas, que nos den un rumbo hacia la sanación”

Los plazos de filmación

Su cinta debut es una coproducción México-Italia con recursos de Eficine. Se filmó durante el pico más alto de la primera ola de la pandemia, donde no había vacunas y se sabía poco de la enfermedad. El actor protagonista, Eustacio Ascacio

, de 76 años, también debutó con esta cinta. Es un actor natural. El nivel de exigencia hacia el crew fue máximo para tratar de mantener al margen todo riesgo de infección, sobre todo, declara Kaiser, para proteger al protagonista.

Por motivos sanitarios, pero sobre todo de presupuesto, el rodaje tomó cuatro semanas, aunque debió tomarse seis, indica Kaiser, “pero esto es para lo que nos está alcanzando en el cine nacional, para estar filmando en un promedio de cuatro o cinco semanas”.

A partir de ello, el reconvertido a cineasta dimensiona: “el cine mexicano se está quedando un poco atrás con el tema de los presupuestos. Recursos como los de Eficine han sido una bendición porque han fortalecido y aumentado la producción como nunca antes se había visto, sin embargo, el presupuesto ha aumentado poco y las semanas de filmación en México son limitadas, comparadas con el resto del mundo. Eso hace que muchas veces nuestro cine no sea tan competitivo en términos de calidad de hechura, no tanto de creatividad y de historia”.

En industrias como la china, que él considera como una de las mejores de la actualidad, los presupuestos públicos dan para filmar entre nueve y diez semanas, “y eso hace la diferencia”.

Hacer que el cine se vea

Eichelmann Kaiser pide cautela para analizar situaciones como la sucedida hace dos semanas, con el retraso de los pagos a unas 50 producciones cinematográficas por parte de Cultura federal, pero sí reconoce: “las señales que se nos dan son preocupantes. Hace dos décadas logramos resolver el problema de la producción limitada (pasamos de cuatro películas al año antes del 2000 a 259 en 2021), pero me preocupa que dejen de llegar esos recursos o que volvamos a aquella época donde levantar una cinta era casi imposible”.

Otra de las angustias del panorama actual, señala, es el tema de la exhibición del cine independiente, “porque, claro, se produce cine, pero no se ve, no tiene pantallas y ahí hay un tema que hay que atender”.

Opina que la solución más viable no es convencer a los exhibidores comerciales para anteponer el cine mexicano independiente, sino generar las condiciones para el desarrollo de un circuito de exhibición. “Entiendo a los exhibidores, esto es un negocio y ellos van a apostar por productos que beneficien ese negocio. Pero esto se contrapone con el precepto de que el cine es un bien cultural y la obligación del Estado es garantizar su acceso. Para mí la solución sería un circuito de salas independientes, una red de exhibición del cine mexicano financiada por el Estado”.

Finalmente, el realizador invita: “eso que hemos construido en los últimos 20 años hay que cuidarlo porque no fue fácil hacernos de él. Se puede ir muyrápido algo que costó tantos años construir”.

Texto original: El Economista

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