¿Realmente debemos temer al spoiler?

Texto original: Luis Miguel Cruz (Cinepremiere)

Cuando Alfred Hitchcock empezó a trabajar en Psicosis (1960), una de sus mayores preocupaciones fue que su público llegara a las salas sin conocer los principales giros de la trama, lo que incluía el asesinato de la estelar Janet Leigh en el primer acto y la revelación final en torno a la Sra. Bates. El cineasta estaba convencido de que el conocimiento previo arruinaría, no sólo la sorpresa, sino toda la experiencia en sí. Su misión incluyó comprar todas las copias de la novela escrita por Robert Bloch en que se inspira la película, prohibir que el elenco concediera entrevistas a los medios, evitar que el estudio diera screenings a la crítica y acordar con los exhibidores que nadie pudiera ingresar una vez iniciada la proyección. Finalmente, el director comenzó una campaña en la que pedía la colaboración del público para que no revelara los secretos de la trama. Fue así como el llamado maestro del suspenso inició una de las mayores cruzadas contra el spoiler, un término que ni siquiera existía por ese entonces y que se refiere a cualquier información que adelanta lo que sucede en una película o serie y que puede estropear el disfrute si aún no se ha visto [vía].

No fue el primero en luchar contra él. Se dice que el cineasta británico se inspiró en la leyenda mostrada en los créditos de Les Diaboliques, (1955) en la que Henri-Georges Clouzot solicita a su público que “¡no sea DIABÓLICO! No destruya el interés que sus amigos puedan tener en esta película. No les diga lo que ha visto. Gracias, de su parte” y que es considerada por muchos como la primera spoiler alert en toda la historia del cine.

Tampoco sería el último. George Lucas protegió la filmación de Star Wars: El Imperio contraataca (1980) con guiones falsos para evitar que la relación parental entre Darth Vader y Luke Skywalker se filtrara; la última temporada de Game of Thrones (2019) prohibió que el elenco leyera sus escenas más de una vez, protegió el rodaje con un asesino de drones y filmó múltiples escenas falsas para confundir a los paparazzis; caso similar al de Marvel que filmó cinco desenlaces distintos para Avengers: Endgame (2019) e inició toda una campaña en redes sociales con la etiqueta #DontSpoilTheEndgame.

Nacimiento y la popularización del término

“Aunque parece ubicua ahora, este uso de la palabra spoil (arruinar) es relativamente reciente, al surgir de una peyoración que tomó lugar en el siglo XVII”, explica la escritora y profesora de inglés C. Namwali Serpell en su obra Seven Modes of Uncertainty. “Antes de eso, spoil era un verbo de triunfo”, que implicaba despellejar animales, despojar a un enemigo de su ropa o saquear. Prácticas que eventualmente cayeron en desuso, lo que provocó que la naturaleza del término cambiara en el imaginario colectivo ante la idea de que algo se arruinaba tras sufrir algún daño.

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El primer uso oficial del spoiler como revelación narrativa sucedió en abril de 1971, cuando la revista National Lampoon’s publicó el artículo titulado Spoilers. En él, Doug Kenney revelaba los desenlaces de múltiples películas. Sólo unos años después, el término fue adoptado por grupos de aficionados de la ciencia ficción. Publicaciones como Destinies incluyeron advertencias (spoiler warnings) en sus reseñas, mientras que las primeras listas de correos electrónicos y foros de discusión online creados hacia finales de década buscaban formas cada más efectivas para evitar las grandes revelaciones entre miembros de sus respectivas comunidades. Fue así como en 1982 surgió el primer uso de la etiqueta spoiler alert en un grupo de Usenet en el que se discutían los pormenores de Viaje a las estrellas II: La ira de Khan (1982).

Su utilización se disparó con la popularización del internet. Esto motivó al crítico Roger Ebert a publicar un artículo titulado Critics have no right to play spoiler (Los críticos no tienen derecho a jugar al spoiler) en el que argumenta que “los personajes de las películas no siempre hacen lo que haríamos nosotros. A veces toman decisiones que nos ofenden. Ese es su derecho. Tenemos derecho a no estar de acuerdo con ellos. Sin embargo, no es nuestro derecho destruir para otros la experiencia de estar tan sorprendidos por esas decisiones como nosotros”. También recuerda que el público tiene el derecho a ver una historia sin conocer los detalles y rememora la manera en que él mismo fue señalado por dar demasiados detalles en sus críticas, lo que le motivó a emplear advertencias.

La consolidación llegó en julio de 2007 cuando el término spoiler alcanzó el punto más alto de toda su historia en el buscador de Google. Un pico que, dicho sea de paso, se mantiene hasta nuestros días y que motivó a Vulture a proponer un estatuto oficial en el que se especifique cuánto debería esperar la prensa para revelar los detalles más importantes de series, películas, libros e incluso obras de teatro. A más de diez años de su publicación todavía no hay un acuerdo al respecto.

Inicia la polémica

El internet, las redes sociales y el clickbait han provocado que esquivar los spoilers sea una tarea cada vez más difícil, lo que puede apreciarse en incontables usuarios que continuamente manifiestan su derecho a la sorpresa en pos de una mejor experiencia. El crítico James Poniewozik defiende este argumento al asegurar que “un spoiler no deseado te quita algo, pero no creo que sea el placer de leer o ver una historia […].  Quita la anticipación antes de verla” [vía].

Por su parte, la profesora de psicología de Pace, Thalia Goldstein [vía], considera que el miedo al spoiler no proviene de saber lo que sucederá con antelación, sino que nos recuerda que las películas y series no son más que una ficción. Esto puede resultar doloroso a nivel psicológico pues, aunque la consciencia lo sabe desde un principio, la parte más primitiva del cerebro se deja llevar por la narrativa. Esta es la razón por la que el ser humano dedica una parte muy importante de su tiempo a novelas, series y películas, y por las que establece lazos tan estrechos con algunos personajes. Pero tal vez no todo sea negativo.

La otra cara del spoiler

“Cuando empiezo un libro nuevo, leo primero la última página”, confiesa Harry Burns en Cuando Harry conoció a Sally (1989). Aunque el personaje interpretado por Billy Crystal lo atribuye a un lado oscuro, son muchas las personas que hacen lo mismo. Curiosamente, hay quienes lo hacen incluso con las películas y series, apoyándose en buscadores o Wikipedia para conocer cuál será el desenlace. ¿Cómo explicar esta necesidad? Harry lo atribuye a que “si muero antes de terminar, sé cómo sale”, pero lo cierto es que las razones son más complejas.

Así lo concluyeron una serie de investigaciones encabezados por el profesor de psicología Nicholas Christenfeld de la UC San Diego y que consistían en adelantar el final de distintas historias a un grupo de estudio. Aunque la lógica diría que las revelaciones tal vez no afectarían tanto en algunas tramas, pero sí que destrozarían aquellos argumentos que se apoyan sobre el whodunnit o el plot twist, los resultados demostraron que los spoilers sirven como potenciadores, es decir: ayudan a disfrutar más de una narrativa.

“Si conoces el final [de una película] mientras la miras, puedes entender lo que está haciendo el director”, explica Christenfeld. “Tienes la oportunidad de disfrutar una visión más amplia y esencialmente, entender la historia con más fluidez. Hay mucha evidencia de que este tipo de procesamiento fluido de la información es placentero, es decir, cierta familiaridad con una obra de arte te permite disfrutarla más».

Esta también es la razón por la que las campañas promocionales son cada vez más extensas y los trailers más reveladoresporque los grupos focales revelan que el público objetivo conecta mejor entre más detalles sabe de la trama. Irónicamente, aquellos títulos que se decantan por un marketing sustentado sobre el secretismo se arriesgan a generar sentimientos encontrados de un público que no sabe qué esperar o que lleva sus expectativas a niveles tan altos que el producto final termina por ser decepcionante [vía].

Con estos factores en cuenta, queda claro que no existe una postura correcta o incorrecta en torno al spoiler, sino dos posiciones distintas en torno a la experiencia cinematográfica. Cada quien elige cuál es la que mejor le acomoda para el máximo disfrute.

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